Cuando se habla del Fenómeno de El Niño en la finca, la conversación suele girar en torno a dos preguntas: cuánta agua queda y hasta cuándo alcanza el pasto. Pero hay un tercer frente que muchos productores descuidan: la sanidad. Un animal que pierde peso, se deshidrata y soporta altas temperaturas durante semanas también pierde capacidad para defenderse de las infecciones.
El médico veterinario César Jiménez, especialista en sanidad animal, advirtió que el desgaste nutricional y fisiológico del ganado durante la sequía puede convertirse en la puerta de entrada a enfermedades que ya están presentes en el entorno de la finca.
Un animal estresado es un animal vulnerable
El calor sostenido genera estrés térmico. A eso se suma un forraje más pobre y menos agua disponible, lo que se traduce en pérdida de condición corporal. Según el especialista, la reproducción es una de las áreas que primero se resiente, y una dieta de baja calidad agrava el cansancio general del organismo.
La conclusión es clara: con El Niño ya instalado, esperar a que llueva no es una estrategia. Agua, comida, número de animales y salud tienen que manejarse como un solo plan para evitar que la escasez termine en muertes.
Qué hacer desde ya en la finca
Asegurar el agua y su calidad. No basta con tener un reservorio; hay que poder llevar el agua hasta los potreros y, en lo posible, mantenerla fresca para que los animales beban más. Con buena disponibilidad de agua, el hato resiste mucho más tiempo.
Dar sombra. Árboles, cercas vivas o, si no existen, estructuras temporales con polisombra reducen la exposición directa al sol y alivian la carga de calor.
Ajustar la carga animal. Si el forraje no alcanza para todos, conviene evaluar la venta de los animales menos productivos antes de que se deterioren demasiado, y apoyarse en heno, ensilaje u otros suplementos disponibles.
Vigilar las enfermedades bacterianas. Jiménez llamó la atención sobre el carbón sintomático y el carbón bacteridiano. Cuando el ganado come pasto seco y leñoso puede lastimarse la boca, y esas heridas facilitan la entrada de bacterias. Por eso recomienda revisar con el veterinario la vacunación contra los carbones, el control de parásitos internos y el posible uso de vitaminas, minerales y aminoácidos según el estado de cada hato.
Ojo con el regreso de las lluvias
El verano no sube todos los riesgos por igual. El clima seco dificulta la supervivencia de larvas de parásitos, garrapatas y moscas, así que su presión puede bajar por un tiempo. El problema llega con la transición a las lluvias, cuando esas larvas que quedaron en el potrero vuelven a activarse.
Por eso el especialista aconseja no desparasitar de forma automática, sino planear el control parasitario según la situación de cada finca y el cambio de temporada.
Si hay mortalidad, manejar bien los cadáveres
Cuando la sequía llega al punto de causar muertes, disponer correctamente de los animales muertos también es una medida sanitaria. La recomendación es enterrarlos, sobre todo si existe la posibilidad de que detrás de la muerte haya una infección, para evitar que se propague al resto del hato.
En resumen: frente a El Niño, cuidar la salud del ganado es tan importante como cuidar el agua y el pasto. Un plan sanitario a tiempo, hecho con asesoría veterinaria, puede marcar la diferencia entre una temporada difícil y una pérdida mayor.
Con información de CONtexto ganadero. Foto: Alabama Extension / Wikimedia Commons (CC0), vía Wikimedia Commons.
